El divorcio nunca es fácil. Es un proceso profundamente emocional que despierta conflictos, dolor e incertidumbre. Como psicóloga clínica y forense con más de 20 años de experiencia, he visto cómo la forma en que se lleva a cabo un divorcio puede moldear no solo el resultado, sino también el bienestar emocional de todos los involucrados. Aunque el litigio, o llevar un divorcio a los tribunales, es la ruta tradicional que muchos imaginan, la mediación ofrece una alternativa que puede ahorrar tiempo, dinero y sufrimiento. Considera este camino por las razones que te planteo aquí:
1. La mediación te da el control
En un
litigio, un juez toma las decisiones finales—sobre tus bienes, tus hijos, tu
futuro. Es un proceso que puede sentirse frío y distante, quitándote el control
en un momento en que ya te sientes vulnerable. La mediación, en cambio, mantiene
el poder en tus manos. Tú y tu expareja, con la ayuda de un mediador neutral,
trabajan juntos para diseñar un acuerdo que se ajuste a sus necesidades
específicas. Este enfoque colaborativo puede ser empoderador, dándote un
sentido de propiedad sobre el resultado en lugar de dejarlo en manos de un
desconocido en una sala de audiencias.
2. Es menos confrontacional
Las
batallas en los tribunales suelen convertir a los exesposos en enemigos. El
litigio se alimenta del conflicto—cada lado se atrinchera, construyendo
argumentos para “ganar” a costa del otro. Esta escalada puede profundizar
heridas y generar resentimientos duraderos, especialmente cuando hay hijos de
por medio. La mediación, por el contrario, fomenta el diálogo en lugar del
enfrentamiento. Un mediador capacitado ayuda a enfocarse en resolver problemas
más que en culpar, reduciendo la hostilidad y preservando una relación
funcional—algo clave si planean criar a sus hijos juntos después.
3. Ahorra tiempo y dinero
Un divorcio
litigado puede prolongarse por meses o incluso años, acumulando costos legales
que agotan tus recursos. En Ecuador, donde los sistemas judiciales a veces
avanzan lentamente, este retraso puede añadir estrés innecesario. La mediación,
en cambio, suele resolver los asuntos más rápido, a menudo en unas pocas
sesiones, y cuesta mucho menos. La función judicial cuenta con centros de mediación
que pueden ayudarte a resolver los conflictos de una manera más sencilla,
rápida y costeable.
4. Beneficios emocionales
En mis años
trabajando como perito y como psicóloga clínica, he visto cómo las batallas
legales prolongadas intensifican la ansiedad, la depresión y la ira. El litigio
a menudo te obliga a revivir momentos dolorosos en un entorno público, lo que
puede sentirse deshumanizante. La mediación ofrece un espacio privado y
tranquilo para procesar decisiones. No se trata de evitar las emociones—esas
son inevitables—sino de manejarlas de manera constructiva. Las parejas que
median suelen sentirse escuchadas y respetadas, lo que puede abrir el camino
hacia la sanación en lugar de prolongar el dolor.
5. Mejor para las familias
Los hijos
sienten los efectos del divorcio de manera especialmente intensa. Un divorcio
litigado, con su naturaleza combativa, puede poner a los niños en medio del
fuego cruzado, aumentando su estrés y confusión. Los niños se sienten obligados
a tomar partido, a elegir entre los padres, a renunciar al afecto del uno o del
otro. La mediación prioriza su bienestar al alentar a los padres a enfocarse en
soluciones prácticas—como horarios de custodia—sin el drama de una
confrontación judicial. Estudios muestran que los niños se adaptan mejor cuando
los padres mantienen una dinámica cooperativa tras el divorcio, y la mediación
sienta las bases para ello.
¿Es la mediación adecuada para todos?
No todos
los casos son aptos para la mediación. Si hay antecedentes de abuso,
desequilibrios de poder severos o una negativa a negociar, el litigio podría
ser necesario para garantizar justicia y seguridad. Pero para muchas parejas,
especialmente aquellas que aún pueden comunicarse (aunque sea con dificultad),
la mediación ofrece un camino que no se trata de “ganar”, sino de avanzar.
Piénsalo
El divorcio
no tiene que ser una guerra. La mediación lo replantea como una transición—una
que puedes navegar con dignidad y claridad. Como alguien que ha estudiado el
comportamiento humano en situaciones de alta presión, he visto cómo elegir la
colaboración sobre la confrontación puede transformar no solo el proceso, sino
a las personas que lo atraviesan. Si estás enfrentando un divorcio, considera
la mediación. Podría ser el puente hacia un próximo capítulo más saludable—para
ti, tu familia y tu paz interior.
¿Te
interesa saber más sobre cómo manejar el lado emocional del divorcio? No dudes
en contactarme—estoy aquí para ayudarte.
Ana Jácome-Rosenfeld
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